“Realismo sucio” en Acapulco y un balón, en libro de Federico Vite.

 

HB Deportes

 

Por: Héctor Briseño.

 

Acapulco, Gro., (5/feb/2021).  Un singular partido de futbol disputado por personajes increíbles pero ciertos y reales, disputado sobre una cancha inusitada, a la cual se llega después de transitar a través del violento escenario que ofrecen los caminos de Acapulco, forma parte de uno de los siete relatos del escritor acapulqueño Federico Vite, presentados en su libro número 13, “Como un ruido de grandes aguas”, que propicia motivos para la reflexión.

 

 

 

Notas y apuntes del Acapulco que ¿fuimos?, justo antes de la pandemia.

En la edición del Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla, transcurren con ironía insospechada, mirada crítica y crónica desenfadada, ágilmente mordaz, sin duda estilo inconfundible del escritor, escenas de lo que podría llamarse el “nuevo Acapulco”, donde a pesar de la crueldad del destino, parece restar algo de humanidad en sus habitantes.

 

 

Federico Vite plasma en cada texto, una denuncia de lo que se convirtió el puerto, a través de lo que describe como “realismo sucio”: hechos de violencia se presentan como parte del paisaje natural del día a día acapulqueño.

 

 

Presentamos a continuación extractos de una entrevista efectuada a Federico Vite en octubre de 2019, en la que el autor expresó los resortes y sentimientos que lo llevaron a escribir “Como un ruido de grandes aguas”.

 

 

Entrevista a Federico Vite (14/oct/2019).

“Vivimos entre historias en mayor o menor medida matizadas por la violencia. Desde ahí enuncio esa crítica y busco, estéticamente, renovar la mentira grandilocuente del progreso en estas tierras tan faraónicamente devastadas”, señaló el escritor acapulqueño.

 

 

Ante dicho panorama, Federico Vite advierte: “hemos normalizado la violencia y eso es lo grave. Tal vez en otro lugar las protestas civiles ya hubieran generado un precedente o modo distinto de atacar estos males, pero hemos dejado de pensar que el gobierno, tanto municipal como estatal, van a resolver esta grave enfermedad que está matando al puerto.”

El escritor acapulqueño reflexionó que “hace falta, más que abundar en la violencia con apologías fallidas de la narcocultura, problematizarla con preguntas esenciales, eso podría darnos una pista de todo lo que hemos perdido en aras del progreso, y ayudaría a comprender también la gravedad de la militarización de este país.”

 

 

 

—Me llama la atención fuertemente el hincapié en el contexto en que se desarrollan los personajes. –Se comenta al escritor.

—Desde varios libros atrás intento diseccionar lo que nos ocurrió. Acapulco perdió el oropel y se ha convertido en una de las ciudades más violentas, no sólo del país y del continente, sino del mundo. Aparte de ello es un sitio en el que prevalece la impunidad. Puesto así, incursioné en el realismo sucio con un toque humorístico que linda en el humor negro. Este contexto (lo atroz como escenario) me ayudó a determinar la estética de este proyecto, es el libro número 13 de mi vida y es, en cierta forma, una manera de cerrar ciclos con el realismo y profundizar en otras estéticas, digamos, que me permitan agrandar la disección del puerto.

 

 

— ¿Crees que los acapulqueños somos los mismos?, ¿Ha cambiado solo el entorno?

—No podemos ser los mismos después de padecer ultraviolencia, impunidad, abuso de autoridad, negligencia de Estado, extorsión a niveles ominosos, hambre, desempleo, corrupción; no podemos seguir pensando que el turismo nuevamente va a rescatarnos. El Estado es incapaz de garantizar el libre tránsito incluso por el zócalo. No somos los mismos. El mal no estaba dispuesto de esta manera, pero desde hace décadas ya se asomaba. Nos están dejando sin empleo, sin dinero y con hambre. Un caldo de cultivo ideal para el rencor social, algo que usualmente capitalizan los políticos.

 

 

—Son cuentos, relatos, pero también, ¿Una denuncia?, ¿Cuál es la intención? — Se pregunta al escritor.

—La resignificación del contexto y elección de personajes vertebran una denuncia que es respaldada por la estética del realismo sucio. Los siete cuentos enuncian una crítica, pero esencialmente intentan ser literatura, no solo fueron hechos para quedarse en plano sociológico de la ficción. Es decir, no fueron hechos para ilustrar la realidad sino para sumergirse en lo literario desde la realidad.

 

 

—El personaje de Lecciones de música disco es una especie de reportero, a final de cuentas registra hechos, ¿Cuál es la línea entre periodismo y la literatura?

—Tanto en el periodismo como en la literatura se cuentan historias; en uno, reales, en otro verosímiles. A estas alturas del partido, después de Operación masacre, de Rodrigo Walsh, después de A sangre fría, de Truman Capote; de Los ejércitos de la noche, de Norman Mailer, el periodismo y la literatura dialogan horizontalmente, sin que uno sea más importante que otro. El autor elige qué camisa ponerse, la de reportero o la de narrador, para ejercer su libertad, esa es la clave.

 

 

 

Futbol,  juego de la vida.

Por último, el autor confesó que el partido de futbol al que hace mención en Lecciones de música disco sí tuvo lugar, aunque admitió que solo tocó una vez el balón.

—Obviamente. Fue un partido lleno de gritos, aplausos, sólo toque una vez la pelota.  Me gusta la crónica deportiva; cada vez más escasa para los lectores, por cierto, pero no deja de asombrarme la pasión que contagia. Creo que lo que consigue un buen cronista es contagiar esa pasión en movimiento que es el deporte.

 

 Foto: Bernandino Hernández.

 

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