El día cero: Recordando el 7 de septiembre de 2021.

 

HB Noticias

 

Por: Héctor Briseño.

 

Acapulco, Gro., (13/sep/2021). El martes 7 de septiembre a las 20:47 horas se registró un sismo de magnitud 7.1, con epicentro a 11 kilómetros al suroeste de Acapulco, a 10 kilómetros de profundidad.

El movimiento fue de menos a más, de inusual duración. Oscilatorio al parecer. Todo se movió, todo se movía. Parecía no tener final.

Se escuchan cristales que se rompen. El piso no se deja de mover, hasta que se hace el silencio, y la oscuridad.

Los vecinos salen a la calle. Se escucha agua que cae a raudales, de tinacos o de albercas. Se corta la energía eléctrica, todo se oscurece.

Dos señoras se abrazan, lloran. Otros van y vienen, alumbran con los celulares. Sus pasos sobre la extensión de la calle, una y otra vez. Una niña y su madre no pueden salir, exclama alguien, hasta que por fin abre su puerta. El agua sigue cayendo.

Un vecino grita que cierren llaves de gas.

Una gemela llora, insiste que no quiere morir. Lágrimas. Sufre crisis de nervios. La hermana guarda silencio, estoica, impávida. Mira hacia arriba a los adultos.

Sigue temblando. Las réplicas. Vecinos sacan sillas, se escuchan voces. Desconcierto. Temor. Miedo. El corazón que late rápido.

Se aprestan a pasar la noche en la calle. En sillones, en el carro. De pie.

Más temprano. A las 19:55 horas ya se había registrado otro sismo, 16 kilómetros al noroeste de San Marcos, de magnitud 4.7. Sin comparación. El de más tarde supera la capacidad de asombro: El movimiento sin césar, el estruendo, el horror de la vibración que parece no tener final, en ascenso, hasta que la tierra enmudece, se queda quieta, solo hasta que quiere, hasta que inyecta la última dosis de castigo y el movimiento se esfuma en un instante.

Se trata ahora de calmar a las niñas, pero llega el momento entonces de decir lo siento, debo ir a tomar fotos; ante la súplica insistente, la respuesta más amable es: solo serán 30 minutos, tengo que ir aunque sea a la Costera, lo que sea. Voy y vengo.

Personas en la calle, en cada esquina, afuera del Club de Golf, en la acera, una patrulla circula la Costera. La luz del viejo Pointer apenas es suficiente para abrirse paso. Además de tener que ser empujado por un vecino para poder iniciar la travesía, de otra forma no se enciende: “Una vez prendido no se apaga”, me consuelo, y empiezo a manejar…

Aquí algunas anotaciones y grabaciones realizadas con el objetivo de consignar los hechos y posteriormente redactar mis notas.

 

Acapulco, Gro., 7 de septiembre de 2021. (21:33)

 

 

Hay muchas personas en la avenida Costera, en los camellones, en la recepción de los hoteles.

 

 

Tres vehículos resultaron con daños en el hotel Emporio, al caer sobre estructuras de metal.

En la Costera está oscuro, muy poca luz, salvo la de los hoteles.

La Costera está a oscuras. No sirven los semáforos.

Se percibe descontrol. Incertidumbre. Angustia.

Los huéspedes han sido evacuados por precaución.

 

 

Hay escenas de temor, de pánico, todavía no hay reportes oficiales, más lo que se dicen redes.

 

 

En el exterior del hotel Fiesta Americana, personal de la hospedería preguntaba con un altoparlante si las familias estaban completas.

Circulan algunas camionetas del Ejército Mexicano recorriendo la Costera, se escuchan sirenas.

 

 

 

Estoy de regreso a la calle. Entro aprisa por la computadora, debo enviar, vuelve a temblar, justo cuando estoy dentro de la casa: me viene a la mente una historia de 2017 de la ciudad de México; es inevitable. Trabajo sobre el techo de mi carro, me tiemblan los dedos, no es ya la adrenalina del miedo por el terremoto, sino por empezar a oprimir las teclas, elegir las fotos, sintonizar el Internet.

Oprimir los botones de la cámara sirve para escapar del miedo, ayuda a avanzar firme entre el reloj de la zozobra, pero no a los familiares. No a los niños.

Todo es un instante. La noche será larga.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *